Terapias con caballos en L’Ampolla – La inteligencia emocional

Toda actividad física, todo deporte o ejercicio, es absolutamente necesario a la hora de construir un sistema emocional equilibrado y positivo. Las terapias con caballos en L’Ampolla aportan todo lo positivo del ejercicio y algo más.

¿Cómo funcionamos?

El sistema nervioso es uno de los más completos de nuestro organismo y, al mismo tiempo, más desconocido y complejo. Pero, es este sistema el que administra no solo nuestros movimientos, hormonas, funciones intelectuales, la memoria o los sentidos, sino también nuestras emociones, estados de ánimo y voluntad.

Parece lógico pensar que en toda esa maraña de neuronas interconectadas, exista una estrecha relación entre todos los aspectos.

Tan estrecha que interactúe de tal forma que sea casi imposible mantener unas funciones en alza mientras otras están en caída libre.

Las emociones son respuestas del sistema nervioso y pueden impulsarnos hacia una vida formidable o tirar de nosotros hasta hundirnos.

La equitación es un deporte, lo es la equitación adaptada y lo es, en gran medida, la hipoterapia pero, llamémosle deporte, ocio, ejercicio o terapia tiene un gran elemento diferenciador frente a cualquier otro, un elemento que la hace única respecto a nuestro sistema emocional y ese elemento se llama caballo.

A menudo me dice la gente que el caballo es un ser muy inteligente. Yo siempre les contesto lo mismo.

¿Crees que un animal diez veces más poderoso que tú, más veloz, que multiplica tu peso por cinco o seis veces y se entrega a ti, es inteligente?

La inteligencia emocional

La respuesta es rotundamente, SI. Porque su inteligencia emocional es la misma que la tuya y nuestras decisiones, al igual que las suyas se basan en un 80% o 90% en esa inteligencia emocional  que compartimos.

Por el contrario, la inteligencia cognitiva, esa que nos define como racionales, tan solo pesa de un 10 % a un 20 % sobre lo que hacemos en nuestra vida.

Más fe que confianza, liderazgo, nobleza, afecto, agradecimiento, serenidad, juego, aprendizaje, integración, paz, relajación.

Son sólo algunas de las cosas que el caballo nos pide.Las mismas cosas que está dispuesto a darnos con generosidad, en un intercambio social que, a menudo, nos resulta más difícil con nuestros semejantes en situaciones de vulnerabilidad o discapacidad.


Un sistema emocional común y compartido.

Una gran parte del comportamiento humano se origina en zonas muy profundas de nuestro cerebro. Remontándose a instintos aprendidos hace más de 200 millones de años.

El científico neurofisiólogo Paul Mclean dice:

«Aun tenemos en nuestras cabezas estructuras cerebrales muy parecidas a las del caballo».

Bueno, para ser sincero, también dice que con el cocodrilo, pero yo eso no me lo he terminado nunca de creer.

Nuestro sistema límbico, o cerebro medio, comprende centros tan importantes como el tálamo, hipotálamo, el hipocampo y  la amígdala cerebral.

Estructuras que ya existían en los mamíferos, siendo el asiento de movimientos emocionales como el temor, la agresión, la confianza, la autoridad o el liderazgo.

Es esa inteligencia emocional la que nos va a permitir comunicarnos con el caballo en un sentido bidireccional y de una forma instintiva y natural.

Interactuando con el caballo

Un caballo, fuerte, sano, noble, seguro de sí mismo, percibe nuestras emociones y nos brinda la oportunidad de interactuar con él aportándonos, de forma instintiva, aquello que necesitamos para reforzarlas.

Porque somos parte de su manada y su manada ha de estar fuerte y bien.

Pero esta aportación no se queda ahí, sino que se marca de forma imborrable en el origen común de hace 200 millones de años. En nuestra amígdala cerebral, reforzando y reconstruyendo, de forma definitiva, nuestro sistema emocional.

En el ser humano estos son los centros de la afectividad. Es aquí donde se procesan las distintas emociones y el hombre experimenta penas, angustias y alegrías intensas. Es aquí donde nos percibimos y adquirimos una valoración y dimensión de nosotros mismos.

El papel de la amígdala como centro de procesamiento de las emociones es algo indudable. Personas con la amígdala lesionada ya no son capaces de reconocer la expresión de un rostro. Si alguien está contento o triste, ni sus propios estados.

De esta manera, todo lo que se imprime en ella, y esta memoriza, pasa a integrarse de forma automática en todos nuestros comportamientos.

El caballo es líder, por instinto y naturaleza.

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autoconfianza, autoestima, valoración personal, capacidad de estímulo, voluntad y motivación.

La simple interactuación con él, incluso pie a tierra, su aceptación y solicitud de nuestra voluntad, de nuestro liderazgo a ese nivel de inteligencia emocional, es, en definitiva, el regalo que nos da.

Jugando con los caballos

Cuando juego con los caballos en la pista, apoyado en mis dos bastones, alzo la mano y comienzan a correr. A jugar alrededor de mí, a provocarme. Sabiendo que si mi mano se extiende baja y plana hacia ellos vendrán a mí, de inmediato, a tomarla. Y entonces, soy feliz.

Lo más curioso es que nunca le he dado, a ninguno de mis caballos, chucherías o golosinas en la mano.

Si le doy la espalda vendrá a reposar su cabeza en mi hombro. Empujarme tímidamente con su cabeza para provocarme en el juego, reconociéndome como su guía. Al llevarle del ramal andando respetará mi ritmo lento del caminar difícil.

Autoestima, liderazgo y motivación

Cuando los monto no son ellos quienes me dan la confianza. Soy yo quién se la ofrece porque ellos me la entregaron antes. Y yo aprendí a ganarla buscando en mis adentros y en los suyos.

Sabiendo, simplemente, que nos unen muchas más cosas que nos diferencian y que nos necesitamos emocionalmente.

Cuando aprenden conmigo es esa sensación indescriptible de agradecimiento mutuo la que nos mueve. Uniéndonos los dos en un equilibrio perfecto, cómodo y natural.

Este es el por qué y lo que nos aporta la equitación, la equitación adaptada o la hipoterapia.En ese plano, tan lejano como próximo, que es nuestra autoestima y nuestra motivación, nuestro sistema emocional y nuestra toma de decisiones.

Las terapias con caballos en L’Ampolla ayudan a todo tipo de personas. Favorecen la motivación y la autoestima y facilitan el superar estados de ansiedad o depresión.

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